Cuando los elefantes marchan hacia el oeste

Camino hacia el oeste, hacia donde se mueve el sol, hacia donde la tierra lo abriga, y al final la noche lo intimida. Sigo a los elefantes, sigo su búsqueda por agua. Si quisiera regresar, no sabría cómo, mis huellas no son tan profundas como las suyas. Quizás no tenga huellas. El tiempo me dice que sólo las he tenido tres veces en mi vida, tres acontecimientos imborrables. Algunos creemos en tiempos cíclicos, en condenas repetitivas con las que nacemos y debemos soportar toda la vida. Por el contrario, estos elefantes creen en una sola búsqueda; un Dios que los saluda desde el oeste, les extiende una vasija con agua, y más allá de eso…todo es desconocido. Sigo mi camino hacia el oeste. Solía volver a esos tres acontecimientos y recordar uno a uno su inicio, el éxtasis, la caída, y la desaparición. Buscaba los nodos que los ataban, escuchaba la música que sonaba en ese tiempo. Hoy mis pies han cambiado de peso, soy un elefante. Escucho una nueva música. El éxtasis emociona, y todavía no se vislumbra el límite del horizonte. El camino hacia la noche parece ser largo. Se respira la alegría de una tarde de sol, viendo una a una las nubes que hacen formas encima de nuestras cabezas. Creo saber dónde está el agua…

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